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miércoles, 9 de enero de 2019

Miércoles, 9 de enero de 2019


Tengo ganas de hacer muchísimas cosas, planear el año, pero la realidad es que no sé qué verga hacer. Oscilo entre retomar astrología y estudiar derecho. Pienso en volver a hacer teatro, locución, retomar canto, pero también en que me vendría genial estudiar RRHH para posicionarme de otra forma en la empresa donde trabajo.
A esto hay que sumarle que cada cosa que arranco la dejo. Antes o después, sooner or later, abandono todo. Entonces, siempre sufro. Sufro cuando quiero organizarme, pero no sé qué hacer, sufro cuando me decido porque ya arranca la desconfianza sobre mi nivel de compromiso, y sufro cuando pasa el tiempo y sigo parada en el mismo lugar.
Tengo 36 años y siento que acá no pasa nada. Que no logré nada relevante o esencial para la vida de alguien y eso me angustia. Tengo claro que durante muchos años tuve que luchar contra la depresión, con una separación dolorosísima con quién creí que sería el amor de mi vida, con el suicidio de mi vieja, con problemas de plata y deudas. También sé que recuperarme de cada una de esas situaciones me llevó mucho tiempo, esfuerzo y lágrimas entonces no es que estuve al pedo en la vida. Pero igual me duele mucho sentir que no evolucioné en términos más concretos. No formé una familia, no ejercí mi carrera, no seguí estudiando, no me compré mi casa ni estoy cerca de poder hacerlo (MMLPQTP).
Es muy difícil desear cuando no sabes ni quién sos debajo de todas las máscaras que te ponés. Es muy difícil desear.

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